“Si termino con mi novio lo pasará fatal, me da lástima, el pobre no se va a recuperar”.
No son pocas las jóvenes que hoy día se lo piensan dos veces antes de terminar con el novio, sobre todo la mujer porque se compadece por el hombre, ¿Será que la mujer por su sensibilidad genera empatía por su compañero al percibirlo más vulnerable o será por sentirse culpable?
Otra idea que me surge es sobre la necesidad de tener un novio (a) por presión social, es decir, como “todos” tienen con pareja, entonces aceptan entablar la relación sin que medie el enamoramiento.
Comparando la situación con generaciones décadas atrás, siento que antes la mujer no percibía al varón frágil, si bien terminar una relación no era y no sigue siendo fácil, algunos optan por el Ghosting, neologismo en inglés donde la persona se desaparece de la relación súbitamente de forma total.
Hace poco hablé sobre INCEL, acrónimo en inglés que refiere a la dificultad para tener relaciones románticas y/o sexuales, como en la serie Adolescencia.
La relación entre adolescentes suele ser frugal; utilizo esta metáfora en el amor para referir que escasea la seducción, el flirteo; actualmente acontece que en las fiestas el joven besa a la chica sin más razón que divertirse y comentar con sus amigos el número de chicas que ha besado, el resultado pareciera desvanecerse como humo, pero si deja la huella del vacío, del goce en nutrir la relación y por supuesto de sentirse usado.
Si los adolescentes sostienen relaciones vacías, sin compromiso, ¿Qué esperar de sus relaciones en la adultez? El noviazgo durante la adolescencia va sentando las bases para una relación en la etapa madura.

