Reconocer, aplaudir, festejar los logros de un hijo más allá de una necesidad en el proceso de aprendizaje, también puede entenderse como un gesto de amor pero de ahí a alabar constantemente cualquier cosa aunque no esté bien hecha, en lugar de beneficiar al niño lo perjudica porque no le están enseñando a discernir entre lo que hizo bien y lo que no.
Sin importar la edad, no podemos hacer siempre todo bien.
Existen padres que si su hijo hace un rayón mal trecho corren a enmarcarlo, es comprensible cuando se trata del primer hijo pero si su hijo no es Picasso, no le haga creer que lo es, no lo engañe, no le haga daño.
Hacer creer a un hijo que nunca se equivoca, no le permite aprender a frustrarse y la frustración es una herramienta importantísima en cualquier etapa de la vida pues enseña a aceptar y a reponerse de los fracasos.
Creerse superhéroe tarde o temprano conduce a la persona a estrellarse, desmotivarse, porque no sabe como autorregularse, necesita constantemente que la estén alabando, glorificando.
Tanto por exceso como por déficit el reconocimiento no es adecuado.
No cries a un niño que será un adulto inconforme con lo que hace porque necesitará que un otro lo reconozca permanentemente.

