Sabemos que no hay un ser igual a otro, ni siquiera los gemelos, su ADN, huellas dactilares son diferentes, entonces si no hay nadie idéntico ¿Para qué comparar?
En lugar de nutrir, mejorar una situación, si comparas con un amigo, familiar, compañero de trabajo, te aseguro que el “comparado” se enfurecerá o le bajará la autoestima, como resultado, no conseguirás el objetivo pues cuando se compara, le das a entender a la otra persona que hay alguien que lo hace mejor…Como si eso ayudara, pues te cuento que no sirve para NADA…
Las comparaciones resultan antipáticas, disfuncionales, si alguien admira a una persona, ésta misma buscará la manera de aprender, modelar, en cambio cuando es una imposición, le respuesta será de rechazo.
Ahorra tu tiempo, no compares, lo que sí se puedes hacer es tomar una situación, hablar con la persona, sea niño, adolescente, adulto, preguntarle qué le cuesta, buscar soluciones, supervisar, corregir en conjunto, esto permite que la persona se exprese, se involucre y lograr cambios, en resumen, es una negociación y la base es la comunicación.
Nadie escarmienta en cabeza ajena…
