La venganza no es una emoción como tal, pero es un sentimiento presente en la experiencia humana desde edades tempranas, suele aparecer como resentimiento, deseo de que al otro “le vaya mal” o satisfacción ante su fracaso.
La venganza nace de una situación percibida como injusta, por ello el vengador, intenta restaurar su propio valor, que ha sentido traicionado, reemplazado o desvalorizado.
La venganza no busca justicia: busca aliviar una humillación interna.
En la pareja, puede expresarse como indiferencia, silencios, iniciar otra relación para herir. En el trabajo, como boicot pasivo, desprestigio del otro. En ambos casos, el fondo suele ser similar: “quiero que sientas lo que yo sentí”.
Sin embargo, la venganza lejos de apartar a la otra persona, mantiene el vínculo con quien se desea olvidar y prolonga el dolor que se intenta cerrar. Promete reparación, pero fija a la persona en la herida y por ello cualquier acción vengativa, mantiene abierta la herida.
La verdadera reparación no ocurre cuando el otro sufre, sino cuando la persona deja de definirse por lo que le hicieron (Me humillaron, me engañaron, no me tomaron en cuenta, etcétera)
Sentir deseo de venganza es humano. Transformarlo en conciencia y crecimiento, es salud psíquica.
